Edición 7
27 de enero de 2022, 17:42:29
Ocio

En su nueva novela, ‘Todo es fuego’, Ángeles Caso escribe sobre las hermanas Brontë y sobre su pasión compartida: la escritura


La pasión de tres mujeres extraordinarias

Por Paz Romanillos

El milagro literario que protagonizaron Charlotte, Emily y Anne Brontë entre 1846 y 1847, en su casa rodeada del viento frío a orillas de los páramos y del cementerio de Haworth, en el condado inglés de West Yorkshire, donde, en ese breve lapso, escribieron algunos de los clásicos universales del Romanticismo –Jane Eyre, Cumbres borrascosas y Agnes Grey–, es la materia sobre la que se construye la nueva novela de la escritora asturiana Ángeles Caso, Todo ese fuego.


La escritora, expresentadora de televisión y licenciada en Historia del Arte, novela la vida de la familia Brontë, armando un rompecabezas de piezas conocidas, semiescondidas, nuevas y otras falsas desmontadas. Todo ese fuego (Planeta) es una imagen casi completa de las tres hermanas, para quienes la lectura y la escritura se convirtieron en su salvación.

Las Brontë llegaron al mundo bajo un rosario de desdichas. Hijas de un reverendo, su madre murió dejando seis hijos de corta edad, todas mujeres, salvo el cuarto, Branwell, un aspirante a escritor que representaba las esperanzas de la familia. Pronto las dos hermanas mayores murieron.

“Una tía muy honesta, pero falta de cariño y ternura las crió”, recuerda Ángeles Caso. Y luego la escritora aclara un malentendido: “Su padre les inculcó la cultura, la lectura y la reflexión, un hecho muy avanzado para la época. Ellas trabajaban en los quehaceres del hogar y se buscaron luego la vida como profesoras o institutrices. Pero al final de la jornada llegaban a casa a leer y a escribir a escondidas. La literatura fue su refugio”.

Adelantadas a su tiempo

Con una vida empeñada en arrinconarlas, Charlotte, Emily y Anne vivían en un mundo paralelo, mientras veían cómo su hermano se desbarrancaba hacia el infierno con una botella de licor en la mano. Tras varios intentos por reconducir el destino, Charlotte descubrió unos poemas de Emily. Entonces les propuso a sus hermanas publicar un poemario conjunto. Emily se resistió, pero al final accedió con una condición: hacerlo bajo seudónimo. Así, en el verano de 1846 nacieron Currer, Ellis y Acton Bell. El libro fue bien recibido. En medio de esa primera alegría, Charlotte lanzó una segunda propuesta: que cada una escribiera una novela...

“Y empezó el milagro”, asegura la escritora. En esa casa de piedra y madera, en la orilla del viento y el cementerio, las tres transfirieron sus secretos y frustraciones pasionales a sus creaciones. “En un momento en el que la literatura era una cosa exclusiva de hombres, Charlotte, Emily y Anne, pese a vivir en una sociedad, la victoriana, que apenas les permitía rozar la vida, ni por supuesto disfrutar de toda su gloria, lograron hundir sus pies en ella, mancharse con su barro y su inmundicia”. Al menos, en sus novelas y poemas, y es ahí donde en su opinión, radica “el milagro de las Brönte”.

Una obra que incluye poemas, “tensos, rotundos, alejados por completo de la blandura propia de lo que muchos consideraban poesía de mujeres”, destaca Ángeles Caso en su relato, y novelas como Jane Eyre, Cumbres Borrascosas o La inquilina de Wildfell Hall, todas ellas adelantadas a su tiempo.

Tres jóvenes raras, “con ideas propias y aficiones peligrosas”, escribe, interesadas únicamente en el intelecto y la creación, y que desde muy pequeñas leyeron cuanto quisieron. “Tres mujeres extraordinarias, cuyas condiciones de vida parecían ser las opuestas a las de las posibles autoras de libros tan llenos de pasión como los suyos".

Literatura y mujeres

Libros que se vieron obligadas a publicar ocultando que sus autoras eran mujeres –fingieron ser los hermanos Bell: Currer, Ellis y Acton– y que escribieron al calor de la chimenea del comedor de la rectoría en la que su padre, pastor de la iglesia de Inglaterra, y hombre de gran inteligencia y cultura, ejercía su misión pastoral. Y que hoy acoge un museo dedicado a las hermanas.

Fue precisamente una visita hace tres años a este viejo edificio de piedra lo que provocó que Ángeles Caso decidiera meterse en la piel de las hermanas Brontë. "Soy muy mitómana; me gusta visitar casas de escritores, de músicos... Tengo tanto respeto y admiración por tantas personas, que me emociona mucho estar en los espacios en los que vivieron".

A la vuelta de ese viaje, Caso, que asegura vivir “un momento zen” en pleno campo asturiano, se empapó de cuanto se ha escrito sobre las Brontë, que es mucho, además de releer su obra. “Lo mío con ellas viene de lejos. En el mundo anglosajón son mitos de la literatura y de la historia de las mujeres”.

"Personalmente, las admiraba muchísimo como escritoras, pero cuando vas descubriendo en qué condiciones escribieron, cómo eran sus vidas, cuáles eran las circunstancias que las rodearon, no te queda más remedio de caer rendida a sus pies. Las admiro como escritora, como lectora y como mujer. Estoy convencida de que fueron una suerte de milagro".

Una pasión escondida

Si hay algo en las tres hemanas que llama la atención de Ángeles Caso es la pasión que existe en todo cuanto escribieron. “Una pasión que, como mujeres, tienen que hacer todo lo posible por apagar y esconder, porque así se lo requerían las estrictas normas de la sociedad victoriana. Es lo que más me impresiona de ellas”, insiste. A la escritora, periodista e historiadora asturiana le sorprende "cómo todo lo que tenían dentro, que era mucho e intenso, toda la pasión, toda su inteligencia, su capacidad de reflexión, todo el bullicio de sentimientos, tuvieran que callarlo, que mantener en silencio, porque no estaba permitido. Me pongo en su pellejo –reflexiona– y creo que me hubiera pasado como a ellas, que me hubiera muerto jovencísima. Porque, ¿cómo vivir con todo eso oculto? ¡Imposible!”.

Además de unirles la pasión por la escritura, Ángeles Caso tiene en común con las hermanas Brontë “el amor por la naturaleza, absolutamente, y por la música...". Una coincidencia más: "como les ocurría a ellas, la vida, la vivida y la soñada, se filtra en mis novelas".

"Sí -aclara-, y me costó trabajo darme cuenta de ello. Y cuando fue así, me alegré. Se infiltra de todas las maneras, lo más sublime, de una manera inconsciente, como me imagino que le ocurre a todos los escritores, y la vida de las pequeñas cosas. Lo quieras o no, la vida fluye, y está presente ahí, minuto a minuto, en tu literatura".

A Ángeles Caso le disgusta la etiqueta de escritora de sentimientos. "No me interesa nada ese tipo de literatura y no es lo que yo quiero ser en absoluto, ni lo que busco cuando escribo", y se reivindica, sobre todo, como una autora que invita a la reflexión.

“Lo que me interesa –concluye– es que, a partir de esa emoción, llegue la reflexión. Intelectualmente, la emoción sin más no me interesa. Soy, por encima de otra cosa, una escritora del alma humana”.

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