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El cirujano valenciano Pedro Cavadas

Pedro Cavadas (Valencia, 1965) confiesa su afición a la paleontología y su 'pasión' por el tiro con arco, asegura que le gusta cualquier tipo de música 'que no sea el reaggeton' y se declara un 'carnívoro estricto' y un 'cocinillas, pero manazas'.
–¿Tiene preferencia por algún libro o género literario?
–El 99 % de lo que leo es literatura de mi especialidad y libros de animales. Tengo que leerme todo los que se publica de una especialidad tan amplia como la cirugía reconstructiva y no me deja mucho tiempo para leer otra cosa.
–¿Qué tiene contra la  bata blanca?
–La bata es una especie de uniforme, un disfraz que en muchos sitios obligan a los médicos a llevar, pero como soy mi propio jefe no me obligo, y también para dejar claro a un paciente que tú eres el médico, ¿qué no lo saben? Aunque me gusta que me llamen con respeto, de usted y no 'oye Pedro'.
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Pedro Cavadas (Valencia, 1965) confiesa su afición a la paleontología y su "pasión" por el tiro con arco, asegura que le gusta cualquier tipo de música "que no sea el reaggeton" y se declara un "carnívoro estricto" y un "cocinillas, pero manazas". –¿Tiene preferencia por algún libro o género literario? –El 99 % de lo que leo es literatura de mi especialidad y libros de animales. Tengo que leerme todo los que se publica de una especialidad tan amplia como la cirugía reconstructiva y no me deja mucho tiempo para leer otra cosa. –¿Qué tiene contra la bata blanca? –La bata es una especie de uniforme, un disfraz que en muchos sitios obligan a los médicos a llevar, pero como soy mi propio jefe no me obligo, y también para dejar claro a un paciente que tú eres el médico, ¿qué no lo saben? Aunque me gusta que me llamen con respeto, de usted y no "oye Pedro".

“La medicina es mucho más seria que la vanidad personal”

Por Jon M. Rhode
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redacciongacetaslocalescom/9/9/24
lunes 23 de octubre de 2017, 13:44h
El cirujano valenciano Pedro Cavadas considera que la Medicina "es mucho más seria que tu vanidad y tus ganas de que hablen de ti", aunque reconoce que los que practican esta especialidad médica tienen una fama "bien merecida y ganada" de ser "vanidosos". En su opinión, "la Medicina no tiene nada que ver con ser el primero en algo, sino con solucionar el problema de un paciente", afirma el responsable del primer trasplante completo de cara en España o del primer trasplante en el mundo de ambas manos a la altura de los antebrazos a una mujer. Para Cavadas (Valencia, 1965) es "completamente imposible" atender bien a un paciente que te pide que "gestiones sus últimos meses de vida" si no "empatizas con él, si no te pones en su piel, porque si no puedes llevar a ese paciente, no le puedes ofrecer nada".

Aunque quería ser veterinario de animales salvajes y exóticos, finalmente optó por la Medicina y se especializó en Cirugía Plástica, pero, al no gustarle la cirugía estética ni el tipo de paciente que conlleva, acabó siendo cirujano reconstructivo, a su juicio "la especialidad más complicada, agradecida y gratificante con diferencia". Alrededor de 1.500 personas pasan anualmente por sus manos, que no tiene aseguradas porque, afirma, no se cree "tan importante", y señala que sus jornadas laborales son "largas, infernales", lo que no le permite ver todos los días a sus dos hijas.

Aunque confiesa que no planeó ser la "última esperanza" de muchos pacientes, señala que a base de aceptar casos complejos y “no decir que no a nada" sus consultas son una especie de peregrinación donde viene la gente que no sabe dónde ir. “Es muy difícil que un paciente venga aquí como primera opción". Cavadas, que tiene una clínica privada y dirige el Servicio de Cirugía Reconstructiva del Hospital de Manises (Valencia), explica que hay pacientes con los que dedica "mil veces" más tiempo a hablar con ellos que a intervenirles quirúrgicamente.

El valenciano considera que para ser un buen cirujano “tienes que ser un buen médico, hablar mucho con el paciente y ocuparte de él. Al final, aprender cómo mantenerle ilusionado hasta el día antes de su muerte".

A su juicio, la Medicina "no va de médicos, va de pacientes" y sostiene que la "’vanidad quirúrgica’ es una enfermedad propia de la infancia y "se miente mucho", ya que en algunos congresos se siguen presentado casos de trasplantes de cara en los que el paciente ya ha muerto como si siguieran vivos. "Estruja tus indicaciones quirúrgicas para que se adapte al problema de ese paciente y no lo estrujes a él para que se adapte a lo que tú quieres hacer, porque entonces estás poniendo por delante del beneficio del paciente tus ganas de hacer algo o tu vanidad, y eso es diametralmente opuesto a la esencia de la medicina", afirma.

Cavadas señala que cada vez se hacen menos trasplantes de partes visibles con tanta relevancia mediática como los que se hicieron hace unos años, y explica que desde el punto de vista quirúrgico un trasplante de manos o cara "no es demasiado difícil", lo que es "dificilísimo" es el manejo médico después de la intervención. En este sentido, señala que en los trasplantes el problema más importante es la medicación y la prevención del rechazo, y aunque en la actualidad se puede solucionar relativamente a corto plazo "a cambio de cierta toxicidad", la supervivencia a largo plazo de los trasplantes "sigue siendo la misma que hace 30 años".

Reconoce que le han llamado de todo, desde 'Doctor Milagro' hasta 'Doctor Frankestein', y señala que si lo dice alguien a quien ha solucionado un problema "ese día duermo mejor". A su juicio, los "límites éticos" están en "no hacer lo que esté en tu mano, y un poquito más" por aliviar el sufrimiento de la persona que tienes delante. Considera una "gran idiotez desde el punto de vista técnico, inmunológico y quirúrgico" el primer trasplante de cabeza que está previsto realizar a finales de este año. "Da hasta vergüenza rebatirlo: la médula espinal no regenera y lo más que se puede es conseguir un tetrapléjico con dependencia respiratoria". Habla con orgullo de la Fundación Pedro Cavadas que desarrolla su trabajo en África, a donde va dos veces al año a intervenir a quien lo necesite, y considera que es una "obligación ética aliviar el sufrimiento de alguien que no ha podido elegir donde nacer y a cambio de nada".

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