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Javier Colorado, 3.000 km por el Amazonas

Tres mil kilómetros, cuatro meses de aventura y de peligros, en pleno pulmón verde del planeta.
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Tres mil kilómetros, cuatro meses de aventura y de peligros, en pleno pulmón verde del planeta.

‘Sin miedo no hay aventura’

Por Víctor M. Feliú
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vmfeliugacetaslocalescom/7/7/22
Tras completar una vuelta al mundo en bicicleta, este aventurero fabrica su propia canoa para atravesar ríos y selvas de Ecuador, Perú, Colombia y Brasil.
La canoa. “Una comunidad Quechua me enseñó a fabricar mi embarcación de una sola pieza”.
La canoa. “Una comunidad Quechua me enseñó a fabricar mi embarcación de una sola pieza”.

Dejarlo todo atrás para perseguir un objetivo de vida, por difícil que parezca y aunque el camino no se haya explorado nunca. Cumplir con esta actitud conlleva mostrar valentía, salirse de lo establecido para ir más allá, romper las reglas del juego para construir algo diferente. Es el espíritu Maverick, espíritu de innovación que ha unido a Glenfiddich, el Single Malt más galardonado del mundo, y a Javier Colorado en Sin miedo no hay aventura, el último viaje que este joven aventurero ha completado con éxito.

Tan solo cuatro meses después de completar la vuelta al mundo en bicicleta, un proyecto que le ha tenido rodando en solitario más de tres años, Javier Colorado y Glenfiddich decidieron inspirar a otros viajeros incansables con esta nueva aventura, que consistía en recorrer el Amazonas en una canoa artesanal de madera, hecha con sus propias manos, desde Ecuador hasta Brasil. En total, cuatro meses y 3.000 kilómetros remados por “el río más increíble del planeta”, como él mismo lo define.

Además, esta aventura siempre tuvo como objetivo un fin social: con la colaboración de The South Face, una ONG que fomenta la educación superior en África, Glenfiddich becará a una joven africana para que pueda comenzar sus estudios universitarios ahora que este viaje por el Amazonas ha terminado. “Con este dinero hemos conseguido becar a una joven brillante de Kenia. En un mes cumple 19 años, y gracias a Glenfiddich, iniciará sus estudios de Enfermería en la Universidad de Nairobi este mismo año”, explica Javier.

En primera persona

Tras dar la vuelta al mundo en bicicleta decidió continuar el camino que hace tiempo emprendió y que “tanta felicidad me aporta”. Así, en abril “aterricé en Quito, Ecuador, junto a mi cámara y compañero Manu. En Francisco de Orellana contacté con una comunidad Quechua en el borde del Parque Nacional Yasuní, la reserva natural con mayor biodiversidad del planeta. Durante dos semanas, la pequeña Comunidad me acogió y me enseñó cada paso de la fabricación de las canoas de una sola pieza, y me ofrecieron su ayuda para crear la embarcación de cinco metros con la que remaría 3.000 kilómetros hasta llegar a Manaos, Brasil”, explica.

Durante dos semanas, en el sinuoso río Tiputini, “sufrí con las tormentas constantes, conocí pequeños asentamientos Quechua y Huaorani, y surqué infinitas curvas en compañía de delfines, monos, nutrias, capibaras, caimanes... Cada noche tenía que abrirme camino con el machete para instalar el campamento, esquivando escorpiones, arañas y nubes de mosquito hasta alcanzar la desembocadura del río Napo, entrando en Perú”.

El río Napo, más ancho y caudaloso, permite abarcar mayor distancia en cada jornada, pero sin bajar la guardia ante los peligros del río: fuertes corrientes, remolinos, troncos flotando o encallados en ell lecho... Muchos elementos que amenazaban con volcar la canoa.

Una vez en aguas del río Amazonas, se sumó a la aventura una nueva complicación. Los fuertes vientos levantaban olas que tambaleaban e inundaban la canoa. “Los obstáculos del camino siempre asustan e infunden respeto, pero afrontar mis miedos es parte de la experiencia. Aunque prefiero compartir siempre lo bueno, la hospitalidad de la gente que conocí cada día, y la ilusión de estar viviendo una aventura única por un paraje natural inigualable”.

Desde la triple frontera entre Colombia, Perú y Brasil, “abandoné las comodidades de mi lengua para desoxidar mi pobre portugués y entrar en el país carioca. Durante cinco semanas, cada noche que me hospedaban, disfrutaba de los pescados más grandes y suculentos que he probado en mi vida. Continué conociendo los diferentes asentamientos del Amazonas, remando con fuerza cada día y finalizando la jornada con un merecido baño frente a las puestas de sol más espectaculares que he conocido”.

El viaje concluyó con la llegada a Manaus. “Durante cuatro meses viví una experiencia inolvidable y me adapté tanto al entorno que durante todo el viaje llegué a sentirme parte del río. Por fortuna, supe esquivar los peligros que se presentaron: no fui mordido por ningún animal venenoso, ni atacado en las cientos de veces que entré en el agua, ni asaltado por los piratas del Amazonas. Porque lo más importante para un aventurero, es volver a casa y compartir todo lo que vivido”.

Una barrica a bordo. 
Durante esta travesía excepcional,     que ha transcurrido por los ríos y entre las selvas de Ecuador, Perú, Colombia y Brasil, una pequeña barrica de Glenfiddich 15 años, que previamente contuvo Pisco propio de Sudamérica, acompañó a Javier Colorado en su canoa a través del Amazonas,           madurando un Single Malt 
completamente único e irrepetible.
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Una barrica a bordo. Durante esta travesía excepcional, que ha transcurrido por los ríos y entre las selvas de Ecuador, Perú, Colombia y Brasil, una pequeña barrica de Glenfiddich 15 años, que previamente contuvo Pisco propio de Sudamérica, acompañó a Javier Colorado en su canoa a través del Amazonas, madurando un Single Malt completamente único e irrepetible.