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En ‘El testigo invisible’, Carmen Posadas nos sumerge en el fascinante mundo de la familia imperial rusa: luces y sombras de palacio, en un desfile de princesas y deshollinadores, zares y bolcheviques, lujo y miseria

Para esta obra, Carmen Posadas ha accedido a documentos de los servicios británicos recientemente desclasificados.
Para esta obra, Carmen Posadas ha accedido a documentos de los servicios británicos recientemente desclasificados.

El final de la época de los zares

Por Paz Romanillos
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promanillosgacetaslocalescom/11/11/26
miércoles 22 de octubre de 2014, 12:40h

La escritora uruguaya Carmen Posadas regresa a la novela histórica con su último libro El testigo invisible, una visión de la revolución rusa desde los ojos de un niño. A la autora le hubiera gustado vivir en primera persona la revolución bolchevique y la caída de los zares, ser testigo invisible de unos hechos sangrientos que cambiaron el rumbo de la Historia. Un deseo que ha podido cumplir a medias con la escritura de su nueva novela. Ambientada en la Rusia de comienzos del siglo XX, mezcla realidad y ficción para contar cómo fue el trágico final de la dinastía Romanov; el final del zar Nicolás II, de su esposa la zarina Alejandra y de sus cinco hijos, asesinados por quienes creyeron que con esta masacre “un mundo más justo, más solidario y, por supuesto, más libre era posible”. "Es un momento de la Historia por el que siempre he sentido una enorme fascinación", comenta la escritora durante la entrevista, y recuerda sus años en la capital de la entonces Unión Soviética, en donde su padre ejerció como embajador de Uruguay y donde Posadas contrajo matrimonio por vez primera, un tiempo durante el que tuvo oportunidad de conocer a fondo cómo vivieron los Romanov y cómo fue su final. “Era una historia que todo el mundo te contaba y sobre la que leí bastante”, recuerda. De ahí que, cuando hace dos años comenzó a trabajar en esta novela, tuviera “muy claro que de falsas Anastasias nada de nada”. 

Han sido dos años de intenso trabajo, de “leer y leer, en especial los diarios de los zares, del zarevich Alexei y de sus cuatro hermanas, las grandes duquesas Olga, Tatiana, María y Anastasia, entre otros muchos documentos. Siempre me llamó la atención –comenta– que se inventaran tantas historias sobre los últimos Romanov, cuando la verdad, la real, está muy bien contada”.

Tanta búsqueda llevó a la escritora hasta el protagonista de su novela, Leonid Sednev, sirviente de la familia imperial desde muy niño y único superviviente de la matanza de Ekaterimburgo, la ciudad de los Urales en la que el 17 de julio de 1918 el zar y su familia fueron asesinados. Sednev es el ‘testigo invisible’ del día a día de la familia Romanov en su palacio de Alexander, en el San Petersburgo imperial que los bolcheviques rebautizaron como Petrogrado.

Desde su "tiznado laberinto de pasadizos y tuberías" de palacio, Leonid asiste a la vida cotidiana de las cuatro princesas más hermosas de la Europa de comienzos del siglo XX, y sufre con el sufrimiento de un zarevich enfermo de hemofilia, mal del que su madre se siente culpable. Es testigo de cómo Nicolás II comete error tras error en su propósito de mantenerse como un gobernante autocrático, y de cómo la zarina Alejandra queda atrapada por el poder magnético de Grigori Efimovich Rasputin, el hombre más odiado del momento, “el zar en la sombra, uno de los personajes más complejos y contradictorios que ha dado la Historia, alguien que, como escribió Dostoiewski, era capaz de apropiarse del alma y la voluntad de la gente”, explica Posadas.

El verdugo de los Romanov escribió unas memorias, recuerda Posadas, en las que cuenta cómo horas antes de la masacre el pequeño Leonid es invitado a abandonar la casa. "Por lo visto –explica– escribió unas memorias que se han perdido". Existen dos versiones sobre lo que le ocurrió: “unos dicen que murió en las purgas de Stalin y otros que viajó a Sudamérica. A esta segunda opción se ha apuntado la autora al recrear a un anciano Leonid que, poco antes de su muerte en Uruguay, recuerda lo vivido, su historia de amor y lealtad con los Romanov, y afirma que “los grandes secretos son como los hechizos; se desvanecen en cuanto se cuentan”. 

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