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Cada vez es más frecuente la gente que acude a la consulta de un especialista para averiguar si tienen “alergia a la lactosa”, ya que la leche no les sienta bien

La Dra. Pilar Cots, especialista en alergología del Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo.
La Dra. Pilar Cots, especialista en alergología del Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo.

La alergia a la lactosa no existe

miércoles 05 de octubre de 2016, 14:48h
La Dra. Pilar Cots, especialista en alergología del Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo aclara que intolerancia a la lactosa y alergia a la leche son dos cosas muy distintas. La mayoría de las veces se trata de una alteración a nivel intestinal que produce una intolerancia a la lactosa, no una alergia. Diferenciarlas y diagnosticarlas no es complicado y puede mejorar mucho la calidad de vida de la persona afectada.

La leche nos puede producir dos tipos diferentes de problemas a nivel de la salud y hay que saber diferenciarlos bien, ya que sus síntomas, consecuencias y tratamientos van a ser muy diferentes.

Alergia a la proteína de la leche

Siempre que decimos que una persona es alérgica a la leche significa que existe una alteración de su sistema inmunológico, de manera que este reacciona de forma equivocada contra las proteínas que componen este alimento. Suele afectar sobre todo a niños muy pequeños y sus síntomas pueden ser muy variados, implicando a diferentes órganos y produciendo reacciones muy graves, que pueden conducir a la muerte por shock anafiláctico.

Los síntomas más frecuentes son cutáneos –tipo ronchas (urticaria), granitos (rash), piel enrojecida (eritema) o, incluso, inflamada (edema)–, digestivos –picor en lengua, paladar o garganta, diarrea, sangrado en las heces, dolor abdominal, reflujo e incluso rechazo de las tomas en los niños muy pequeños–, respiratorios –picor de nariz y ojos, estornudos, mucosidad, lagrimeo, dificultad respiratoria– y/o anafilaxia/shock anafiláctico –síntomas generales graves que pueden llegar a desencadenar la muerte de la persona afectada–.

El diagnóstico lo realiza el médico alergólogo mediante pruebas específicas en piel, sangre y, en caso de ser necesario, la provocación oral. En ocasiones también puede ser necesaria la realización de endoscopia con biopsia a nivel digestivo.

En este tipo de reacción no va a influir la cantidad de proteína láctea ingerida, es decir, una mínima ingesta, aunque sea de trazas, ya puede desencadenar una reacción muy grave; de ahí la importancia de una dieta estricta exenta de cualquier tipo de producto lácteo.

El mejor tratamiento es la prevención, pero si por error se ingiere algún lácteo, la persona siempre tiene que llevar consigo la medicación necesaria para tratar y revertir una reacción grave. Esta medicación es la adrenalina autoinyectable.

Intolerancia a la lactosa

Esta enfermedad se origina por una alteración en la digestión del azúcar de la leche, la lactosa, a nivel intestinal. Existe una disminución de la enzima que tiene que digerir este azúcar y eso hace que la lactosa pase al resto del intestino, produciendo síntomas muy característicos.

Los síntomas se manifiestan a nivel digestivo y originan dolor abdominal, diarrea, defecación explosiva, nauseas, meteorismo, distensión abdominal (sensación de barriga hinchada y llena de aire). Nunca va a desencadenar una reacción grave, como la anafilaxia, ni existe riesgo de muerte con la ingesta de lácteos en los intolerantes a la lactosa es imposible. Su diagnóstico se realiza mediante test específicos en sangre, estudio genético, biopsia intestinal o test de hidrógeno espirado.

Es más frecuente en adultos y afecta aproximadamente entre el 10-15% de la población. Cuando el origen es genético (poco frecuente), suele ser irreversible; si aparece como consecuencia de una enfermedad (infecciones, celiaquía, colitis ulcerosa, etc) o de un fármaco (quimioterapia), suele ser reversible y solucionarse al tratar la causa que la provocó.

El tratamiento consiste en suprimir la lactosa de la dieta. A diferencia de los alérgicos a la leche, los intolerantes pueden consumir pequeñas cantidades de lactosa de forma habitual sin llegar a notar síntomas. Generalmente toleran sin problemas algunos derivados lácteos, como yogures y quesos. Estas personas no necesitan llevar adrenalina, ya que la ingesta de lactosa por error no les va a desencadenar nunca una reacción grave.

Por lo tanto, concluimos afirmando que a alergia a la lactosa no existe. Existe la alergia a la proteína de la leche de vaca y la intolerancia a la lactosa (azúcar) de la leche.

Más información, en el Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo, en los teléfonos 902 112 121 / 902 010 232 y en la web www.ruber.es.

La alergia a la lactosa no existe
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